Comprender… Comprender la cadena de errores de padres a hijos. De madres a hijos varones, sobretodo.

Las mujeres estamos educadas en la dependencia del hombre, de la familia, de los hijos. Por muy independientes que creamos ser a nivel económico, profesional e incluso personal, llevamos siglos de educación hacia afuera es decir hacia los demás. En horizontal.

El Cambio está en ir hacia la verticalidad. Hacia el Centro de nosotras mismas y, desde ahí, educar, guiar a los hijos para que encuentren su propio centro, su auténtica independencia y crezcan y maduren por si mismos conociéndose.

La semilla dará un árbol robusto si puede profundizar y enraizarse bien a fin de elevarse con base y con fuerza después.

Cuanto más profundo, más elevado. Cuanto más elevados, más libres… Y más felices.

Así que empecemos las mujeres ese cambio. Reeduquémonos para educar. Revisemos nuestros patrones y, a través de ellos, erradiquemos todo aquello que no nos permite ser auténticas, libres interiormente, de verdad. La interiorización es una vía al autoconocimiento y sólo conociéndote puedes reconocer dónde tienes miedo, debilidad, dependencia, anclajes…

Cogerse a la pareja, a los hijos, incluso al trabajo es un modo de aferrarse ante el desconocimiento de uno mismo.

Si somos capaces, no ya de tener una habitación propia y una renta de 500 libras, sino de sentirnos a nosotras mismas, de descubrirnos en profundidad, de completarnos en nuestra individualidad, educaremos a nuestros hijos en ese autoconocimiento, en el respeto, en el sentir y entonces, probablemente, nuestros hijos serán capaces de amar de verdad no porque tengan carencias y miedos que les hagan dependientes y egoístas sino porque desde su plenitud trabajada en profundidad son capaces de compartir y de dar.

La educación es la base del cambio… Para todos.

 

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