2013-08-14 17.19.48

Tomarse una cerveza al sol. Escuchando en los auriculares del móvil “Café del Mar.” Un momento de placer, de felicidad, de conexión. Conmigo misma.

Apenas tenemos, en el mundo en el que nos movemos, momentos con nosotros mismos.

Observo a las personas pasar desde este rincón urbano y al mismo tiempo personal en el que me encuentro. La gente va, viene, pero cuántos se detendrán hoy para estar un rato con su propia intimidad. Y cuántas de ellas son mujeres volcadas en la asistencia ajena pero casi nunca personal. Hijos, maridos, madres, hermanos, casa, trabajo… ¿Y yo? ¿Dónde está ese yo? ¿Quién lo atiende?

Detengamos el tiempo para abrazar, ni que sea un momento, el propio tiempo. Tu tiempo.

La vida discurre y dejamos que pase sin consciencia en esa pérdida de energía continua que supone una existencia en horizontal y no en vertical.

No seremos peores madres, esposas, hijas, hermanas o personas por ejercer el derecho propio al momento personal, necesario e intransferible, porque nadie vivirá nuestra existencia.

Reivindiquemos espacios para el placer personal, para el encuentro y reencuentro con nuestra identidad. Sólo un ser pleno puede dar de verdad. Y sólo desde la plenitud se puede amar.

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